Homo asimetricus (III): Lateralidad manual y evolución humana

Por Miquel Llorente @miquelpaniscus

Publicado originalmente en #SciLogs de Investigación y Ciencia

En anteriores post hemos visto que la asimetría manual es una es una propiedad intrínseca a la naturaleza del ser humano y otras especies animales. Nuestra especie es fundamentalmente diestra, y la lateralidad manual está condicionada fundamentalmente por la complejidad de la tarea que llevamos a cabo. Pero ¿desde cuándo tienen los humanos su actual patrón de preferencia manual? ¿Cómo podemos remontarnos en nuestra historia evolutiva para conocer de qué manera utilizaban las manos nuestros ancestros homininos?

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“Miguelón” by Peter Aka (Some rights reserved Creative Commons)

 

El cerebro es quizás uno de los órganos más maleables y plásticos del ser humano. Sus componentes pueden modificar su identidad y rol en un relativo corto período de tiempo evolutivo. Tanto desde la paleoantropología como desde la arqueología se ha intentado investigar cuál ha podido ser el camino filogenético que ha seguido la lateralidad manual hasta nuestros días. Al fin y al cabo, la dominancia manual es resultado de la lateralización cerebral y por tanto un producto de la evolución. Si bien desde la Etología y la Primatología se parte del método comparado para establecer cómo es y cuándo se pudo producir el surgimiento de la lateralización manual en las diferentes especies de primates, también desde la Evolución Humana se intenta responder a preguntas similares desde aproximaciones y metodologías complementarias. Desde este punto de vista, las principales aportaciones vienen de disciplinas como la paleoantropología, el análisis de microdesgaste dental, la tecnología lítica, la zooarqueología, el arte prehistórico o la paleoneurología. Sin embargo, como veremos posteriormente, existen importantes problemas a la hora de evaluar la lateralidad manual a través del registro hominino fósil y arqueológico. Los más importantes son: en primer lugar, la escasez de material disponible para estudiar y, en segundo lugar, la inconsistencia empírica de los métodos de análisis utilizados.

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Mirando al pasado by Mr. Theklan (Some rights reserved Creative Commons)

Desde la paleoantropología, una primera aproximación para el estudio de la lateralidad manual de la familia hominina ha sido el estudio del material óseo. A modo de ejemplo, Walker y Leakey (1993) encontraron que el especimen KNM-WT de Homo ergaster poseía una asimetría en la longitud de las extremidades superiores. Fuera de África, las diferencias óseas postcraneales en algunos especímenes de Homo georgicus no son tan claras en la pauta de dominancia lateral diestra (Lordkipanidze et al., 2007). A partir de Homo neanderthalensis la cantidad de material fósil útil para evaluar la lateralidad es mucho mayor, y tal como indican algunos autores parece existir una tendencia hacia la dominancia lateral diestra al haberse observado una asimetría en la longitud de los huesos de las extremidades superiores y hombros. Finalmente, conviene comentar que aunque las excavaciones en la Sierra de Atapuerca (Burgos, España) han proporcionado una extensa colección de fósiles de homínidos del Pleistoceno Inferior y Medio, la escasez de material óseo de las extremidades superiores y manos, unido a la ausencia de pares de huesos (la parte derecha e izquierda), han hecho inviable hasta el día de hoy poder realizar estudios sobre esta asimetría ni para Homo antecessor, ni para Homo heidelbelgensis.

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Cráneos de homininos by Brent Danley (Some rights reserved Creative Commons)

 

Una segunda aproximación ha sido el estudio de indicadores dentales como medida indirecta de asimetría manual; es decir, los patrones de microdesgaste dental de tipo cultural. La utilización conjunta de la boca con las manos en diversas acciones puede resultar en el contacto de diversos materiales con los dientes (incisivos) produciendo marcas de orientación diagonal sobre la superficie dental conocidas como “desgaste de uso cultural”. Tanto en Homo heidelbergensis, Homo neardenthalensis como en Homo sapiens modernos este tipo de marca está bien documentada. Por ejemplo, Bermúdez de Castro y colaboradores (1988) identificaron las estriaciones realizadas sobre los incisivos y caninos por instrumentos en homínidos del Pleistoceno medio. De los 19 incisivos encontrados en la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca los autores concluyeron que parecerían pertenecer a sujetos diestros. La localización y la orientación de las estriaciones sugirieron que algún alimento y otro material pudo ser sostenido entre los dientes y cortado o raspado con la mano derecha, quedando marcas de tales cortes en el esmalte de estos incisivos. Resultados similares también se han encontrado en neardentales. Sin embargo, algunos autores ponen en cuestión estos resultados ya que al estudiar las estriaciones dentales en individuos de comunidades humanas modernas no han evidenciado una relación entre la pauta de dominancia manual y la orientación de las estriaciones. No obstante, a la luz de recientes estudios con Homo heildelbergensis estas afirmaciones parecen no tener fundamento (Lozano et al., 2009). En el reciente trabajo de Lozano y colaboradores, se analizó la muestra total de dientes anteriores (n = 163) de individuos de la Sima de los Huesos, pertenecientes a Homo heidelbergensis. Se estimó que la muestra correspondía a un mínimo de 28 individuos. Adicionalmente, también se estudiaron de manera experimental los patrones de las marcas de corte sobre dientes (n = 23) de humanos modernos. Los resultados indicaron que del total de la muestra fósil, el 94,48 % (n = 19 individuos) de los dientes presentaba estriaciones sobre la superficie labial con una orientación oblicua derecha preferente (n = 15 individuos). A través del trabajo experimental, se pudo observar que la orientación oblicua derecha indicaba un uso preferente de la mano derecha, por lo que los autores pudieron concluir que la población de Homo heidelbergensis de la Sima de los Huesos era diestra.

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Homo rudolfensis by Ryan Somma (Some rights reserved Creative Commons)

Una tercera aproximación ha sido el estudio de las pruebas arqueológicas (tecnología lítica) de la preferencia manual de los homininos. Las primeras apariciones de herramientas de piedra modificadas intencionadamente aparecen en el registro arqueológico hace aproximadamente unos 2,5 millones de años, pero incluso antes de esta fecha es posible que los homininos utilizasen herramientas y otros materiales difícilmente fosilizables u otras materias primas como bastones, ramas, hierba, hojas o piedras sin modificar. Al fin y al cabo, este tipo de comportamientos instrumentales no fosilizables son similares a los que actualmente encontramos en algunas especies de grandes simios como chimpancés [Pan troglogytes], orangutanes [Pongo pygmaeus], bonobos [Pan paniscus] y gorilas [Gorilla gorilla]. La ventaja de esta aproximación respecto a las anteriores es la amplia cantidad de muestras bien preservadas de que se disponen para al menos el último millón de años. El problema ha sido encontrar la manera de inferir la preferencia manual del material lítico de una forma fiable y válida. Y no sólo eso, sino que esa preferencia se detectaría a través de la reconstrucción de las secuencias de talla, y aunque siempre es posible disponer de las piezas líticas no siempre es posible hacerlo de sus secuencias.

Dentro de esta línea, Toth es quizás uno de los autores que más ha trabajado para identificar la lateralidad manual desde el registro fósil. Su método se basa en estudiar las características observables de las lascas. Según este autor, existen pruebas de dominancia manual diestra en el Pleistoceno Medio e Inferior, apuntando además que la lateralización cerebral pudo producirse entre 1,9 y 1,4 millones de años. Sin embargo, su metodología ha sido duramente criticada por otros autores, al encontrar que los indicadores de lateralidad del instrumento tallado no se correspondían con la autoevaluación de la lateralidad manual dada por el tallador. La razón es que la categorización como diestro o zurdo según el método de Toth parece estar afectada por la rotación del núcleo durante la talla, así como por la forma del núcleo y la forma del instrumento que se pretende fabricar. Recientemente se han propuesto métodos complementarios al de Toth, basados en los mecanismos de producción de instrumentos de sílex a través de las técnicas de percusión directa. No obstante, sigue tratándose de un método poco viable por sus inconsistencias metodológicas. En un experimento (Rugg & Mullane, 2001) llevado a cabo con ocho individuos talladores (cuatro diestros y cuatro zurdos) del total de 299 lascas seleccionadas, sólo 75 fueron apropiadas para estudiar. Las 224 restantes no pudieron ser evaluadas por su escaso tamaño o por las características de la percusión poco definidas. La tasa de acierto en la asignación de la preferencia manual asociada a cada instrumento se situó en el 75 %. Por ello, los propios autores indican que sería conveniente tomar con cautela los resultados debido a la baja tasa de fiabilidad, el tamaño de la muestra y porque no siempre un tallador (diestro o zurdo) produce unas lascas claramente asignables a una preferencia manual.

Figura 1: Dirección de las marcas de talla sobre las lascas. Tomado de Rugg y Mullane (2001).
Figura 1: Dirección de las marcas de talla sobre las lascas. Tomado de Rugg y Mullane (2001).

Siguiendo con la aproximación arqueológica, algunos investigadores afirman, a partir del estudio de las marcas de uso en los instrumentos, que la mayoría de las muestras que han estudiado apuntan a que fueron utilizadas por personas diestras (Uomini, 2008), siendo coincidentes con los resultados obtenidos en Homo heidelbergensis (Trinchera Galería, Sierra de Atapuerca) en cronologías de entre 400 a 200.000 años. Parece ser además que esta pauta se mantiene a través de los estudios, tipo de instrumentos y épocas estudiadas: perforadores del Mesolítico y Neolítico, hachas de mano del Paleolítico inferior, o guijarros grabados. Tomados en su conjunto, los resultados de estos trabajos sugieren que una dominancia manual diestra para la manufactura de útiles se remonta a principios de los instrumentos olduvayenses.

Una cuarta aproximación, la zooarqueológica, se ha interesado por estudiar las marcas de cortes ocasionadas por instrumentos sobre huesos al realizar la acción de descarnar la presa. Autores como Bromage y Boyde (1984) han demostrado la utilidad de estudiar este tipo de marcas para asignar la preferencia manual de los individuos que las ocasionaron. Siguiendo esta línea, también de manera experimental se han analizado las marcas de corte en yacimientos del Pleistoceno Medio (Olorgesailie, Kenia), encontrando que la mayoría de los individuos que las realizaron eran diestros (Bromage et al., 1991). Sin embargo, recientes trabajos ponen en cuestión la eficacia de estas metodologías debido a la complejidad y a la cantidad de variables no controladas durante el proceso de despiece por parte de los individuos. Si bien estos resultados ponen a la luz las limitaciones existentes en las actuales metodologías, no se descarta esta aproximación zooarqueológica como válida para estudiar la lateralidad manual desde un punto de vista evolutivo, siempre y cuando se propongan nuevas técnicas que corrijan las limitaciones existentes.

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Cave painting by Ryan Somma (Some rights reserved Creative Commons)

La quinta y última aproximación ha sido el estudio del arte parietal. En primer lugar, la representación de la mano (tanto en su forma impresa como silueta) es una de las formas más perdurables y numerosas del arte prehistórico, proporcionando una gran cantidad de material sobre el que poder evaluar la lateralidad manual. Según algunos autores únicamente se podría evaluar la preferencia manual a través del estudio de los dibujos de siluetas de las manos, ya que su forma impresa (hand print) podría realizarse tanto con la mano dominante como con la no dominante. Aunque algunos autores dudan de la validez empírica de esta aproximación, otros sugieren que tanto las huellas como las siluetas reportadas en diferentes lugares de Europa, Australia, América y Borneo, indican un uso preferente de la mano derecha (Steele & Uomini, 2005). En segundo lugar, también se ha propuesto la posibilidad de evaluar las preferencias manuales a través de la orientación de los animales en las pinturas. Sin embargo, actualmente no se acepta como un método fiable de evaluación.

En resumen, como podemos observar los datos prehistóricos sobre la lateralidad manual presentan dos principales problemas: en primer lugar, la escasez y conservación del material fósil y, en segundo lugar, la ambigüedad o la aparente falta de objetividad en los métodos de evaluación utilizados en el registro arqueológico. Es decir, aunque los datos arqueológicos y paleoantropológicos para el estudio de la lateralidad manual existen, conviene reflexionar y evaluar su verdadero potencial de utilización.

Figura 2: Negativos de la mano en arte parietal. Tomado de Faurie y Raymond (2004).
Figura 2: Negativos de la mano en arte parietal. Tomado de Faurie y Raymond (2004).

Nota: (a) Negativo de la mano derecha de la cueva de Le Pech-Merle (Lot, Francia); (b) Negativo de la mano izquierda realizado de manera experimental.

 

BIBLIOGRAFÍA DE REFERENCIA:

Bermúdez de Castro, J. M., Bromage, T. G., & Fernández Jalvo, Y. (1988). Buccal striation on fossil anterior teeth: evidence of handedness in the midle and early Upper Palaeolithic. Journal of Human Evolution, 17, 403-412.

Bromage, T. G., Bermúdez de Castro, J. M., & Jalvo, Y. F. (1991). The SEM in taphonomic research and its application to studies of cutmarks generally and the determination of handedness specifically. Antrhopologie, 29, 163-169.

Bromage, T. G., & Boyde, A. (1984). Microscopic criteria for the determination of directionality of cutmarks on bone. American Journal of Physical Anthropology, 65, 389-366.

Faurie, C., & Raymond, M. (2004). Handedness frequency over more than ten thousand years. Proceedings of the Royal Society of London, (Suppl.) 271, s43-s45.

Lordkipanidze, D., Jashashvili, T., Vekua, A., Ponce de León, M. S., Zollikofer, C. P. E., Rightmire, G. P., et al. (2007). Postcranial evidence from early Homo from Dmanisi, Georgia. Nature, 449, 305-310.

Lozano, M., Mosquera, M., Bermúdez de Castro, J. M., Arsuaga, J. L., & Carbonell, E. (2009). Right handedness of Homo heidelbergensis from Sima de los Huesos 3 (Atapuerca, Spain) 500,000 years ago. Evolution and Human Behavior, 30(5), 369-376.

Rugg, G., & Mullane, M. (2001). Inferring handedness from lithic evidence. Laterality, 6(3), 247-259.

Steele, J., & Uomini, N. (2005). Humans, tools and handedness. In V. Roux & B. Bril (Eds.), Knapping Stone: a uniquely hominid behaviour (pp. 217-239). Cambridge, UK: McDonald Institute for Archaeological Research.

Uomini, N. T. (2008). In the knapper’s hands: identifying handedness from lithic production and use. In L. Longo & N. Skakun (Eds.), “Prehistoric technology” 40 years later: Functional studies and the Russian legacy (pp. 51-62). Oxford: B.A.R. International Series.

Walker, A., & Leakey, R. (1993). The postcranial bones. In A. Walker & R. Leakey (Eds.), The Nariokotome Homo erectus skeleton (pp. 95-160). Cambridge: Harvard University Press.

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Un comentario en “Homo asimetricus (III): Lateralidad manual y evolución humana

  1. Buen artículo. Estoy completamente de acuerdo con que de momento no podemos estar seguros de la objetividad de las pruebas sobre la latelaridad manual en nuestros ancestros, visto a través de los fósiles (y la dificultad que conlleva la obtención casual de este material). Sin embargo, creo que, si no se ha hecho ya, se debería probar a comparar los restos fósiles de entonces con restos actuales en los que se sepa seguro la lateralidad (por ejemplo, si el usuario era diestro o zurdo). Digo yo que con la comparación podríamos averiguar indicios claros.

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