¿Podría manipularte un chimpancé?

Por Ione Arbilla, alumna del Máster en Primatología UdG · Fundació Mona, promoción 2014-16

Después de décadas de esfuerzo por parte de algunas de las mentes más brillantes (tanto humanas como no humanas), todavía no existe el más mínimo consenso sobre si los chimpancés tienen o no algo parecido a una Teoría de la Mente. Este concepto tiene su origen en un único e innovador artículo de Premack y Woodruff escrito en el año 1978. A raíz de su publicación, donde se afirmaba que los chimpancés sí tienen una teoría de la Mente, surgió una gran corriente de investigación en psicología comparada y del desarrollo que aún hoy perdura. Durante muchos años investigadores como Smith, Povinelli, Call y Tomasello han querido, a golpe de artículo, aclarar uno de los mayores dilemas de la evolución cognitiva.

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La Teoría de la Mente se basa principalmente en la capacidad de un individuo de atribuir estados mentales (sentimientos, creencias, deseos, emociones e intenciones) a otros sujetos. Para las especies sociales, este tipo de aptitudes pueden llegar a ser muy ventajosas, porque ¿qué hay más útil que inferir futuros comportamientos de otros individuos dentro de una misma comunidad? No obstante, estas aptitudes también posibilitan manipular y engañar a otros para el beneficio de uno mismo.

En el caso de la especie humana la Teoría de la Mente es inherente a nuestro ser a partir de los 4-5 años de edad, pero en el caso de otras especies es aún objeto de controversia. Más concretamente, existen dos teorías en cuanto a evolución de la Teoría se refiere. La primera, aboga por una evolución cognitiva cualitativamente distinta a otros primates, y por lo tanto, apoya la idea de una teoría de la mente exclusivamente humana. La segunda, más continuista, está a favor de una Teoría de la mente compartida (al menos en parte) con otras especies y de evolución más gradual.

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En abril de este año investigadores del Instituto Max Planck junto con la escuela de psicología de la Universidad de Saint Andrews han publicado un nuevo artículo que de nuevo, intenta arrojar algo de luz sobre la incógnita. En este caso, el objetivo era comprobar si los chimpancés son capaces de utilizar estrategias manipulativas de manera flexible, es decir, si las adaptaban dependiendo de la presencia e intenciones de otros individuos. En caso afirmativo, los chimpancés cumplirían uno de los pilares del engaño y serían firmes candidatos a tener una Teoría de la Mente.

Durante las pruebas experimentales un simple aparato con bandejas para depositar alimento permitió testar las estrategias manipulativas de los individuos. Primero, en una fase de previa, los chimpancés tenían la oportunidad de familiarizarse con el dispositivo y conocer su funcionamiento y aprendieron a ocultar o a hacer visibles las bandejas, y por ende también su contenido. Posteriormente, en una fase de entrenamiento se les presentaban dos tipos de experimentadores humanos: uno competidor y uno colaborador. Este ultimo ofrecía al individuo con todas las recompensas visibles de las bandejas. En cambio, el experimentador competidor retiraba todas las recompensas visibles y las dejaba en un cubo fuera del alcance del individuo. Esta fase permitía al chimpancé conocer el rol de cada experimentador. Finalmente, en la fase experimental, los individuos se enfrentaron separadamente a ambas situaciones.

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En lo que se refiere a los resultados, se esperaba que el individuo se adaptara a cada condición y tuviera tendencia a ocultar comida en el contexto antagonista y así, al quedarse sólo, poder comerse la recompensa. Y por el contrario, debería mostrar la localización del alimento en la condición cooperativa, ya que el experimentador solamente entregaría al
individuo las recompensas visibles. En los resultados del experimento se observó que los individuos efectivamente ajustaban su conducta según el tipo de experimentador, es decir, revelaban más comida en presencia del colaborador y tendían, pasivamente, a dejar más alimento oculto al de tipo competidor. Estos resultados coincidieron con otros estudios anteriores lo cual reafirma aún más la hipótesis.

Se descartó la posibilidad de que los sujetos actuaran por ensayo y error, o mediante un aprendizaje asociativo, ya que las diferencias de comportamiento se establecieron desde el comienzo de los experimentos. La vía más probable para explicar los resultados sería que los individuos hayan combinado sus conocimientos previos sobre el experimentador y sus
objetivos inferidos y los hayan utilizado en las pruebas experimentales.

Sin embargo no todo los resultados fueron los esperados. Es importante subrayar que la mayoría de los individuos desperdiciaron una gran cantidad de alimento por dos razones. La primera, por mostrar en varias ocasiones la localización de las recompensas al competidor. De ahí se dedujo que podrían tener dificultades para inhibir este tipo de acciones en contextos alimenticios. Y en segundo lugar, porque fueron incapaces de ocultar activamente las recompensas, es decir, podían dejarlas ocultas pero no eran capaces de trasladarlas a un escondite ellos mismos. Puede que el ocultar comida no esté dentro del repertorio de comportamientos naturales de los chimpancés. No obstante, es posible también que este tipo de acción suponga un desafío cognitivo para la especie.

En conclusión, podría decirse que según el artículo, algunas especies no-humanas como los chimpancés podrían tener algo semejante a una Teoría de la Mente, aunque siempre en un sentido amplio del término ya que los resultados no son aún equiparables a los de los seres humanos. Por otro lado se debería reflexionar sobre el hecho de que siempre se busquen evidencias de una Teoría de la Mente exactamente igual a la humana, aunque en realidad no tendría por qué serlo. ¿Qué nos impide pensar que los chimpancés hayan podido tener una evolución cognitiva paralela a la nuestra y por tanto que hayan desarrollado otro tipo de teoría de la mente? Finalmente es fundamental tener en cuenta las enormes dificultades metodológicas para crear experimentos válidos que demuestren, sin duda alguna, que un individuo de otra especie puede atribuir deseos e intenciones a otros. El diseño de éstos es, de por sí, un enorme desafío. Estas dificultades impiden una comprobación más rápida de las hipótesis sobre cognición evolutiva.

En cualquier caso, la investigación debería continuar para finalmente dilucidar este gran misterio de la primatología o simplemente para saber si un día cualquiera podríamos llegar a ser manipulados por un chimpancé.

Artículo original: Chimpanzees strategically manipulate what others can see. Katja Karg, Martin Schmelz, Josep Call, Michael Tomasello. Animal behaviour. 30 abril 2015

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