Bebé a Bordo ¡va a ser niña!

Por Rut G. Doria, alumna del Máster en Primatología Universitat de Girona · Fundació Mona, promoción 2014-16

 Imagen11Es bien conocido que las hembras de muchas especies animales son capaces de transmitir su estado reproductivo a sus potenciales parejas. Suele estar asociado a aspectos visuales y comportamentales que dan una pista sobre el estado de fecundidad, sobre el momento exacto de la ovulación o indicando primariamente su calidad como posible pareja exitosa.

Sin embargo, otro aspecto que ha sido difícil de estudiar y probar, es el de determinar el papel de la comunicación olfativa, ya no solo asociado al momento de la fecundación, sino a la gestación. Durante el embarazo, tanto en feromonas como en hormonas, se producen unos cambios extremos, como por ejemplo en los esteroides sexuales, que pueden incrementar más de un 1600%. Todas estas pistas son capaces de ser reconocidas olfativamente en los animales para funciones tales como reducir el conflicto intragrupal en especies con una alta competitividad para encontrar pareja reproductiva, o por otro lado para que los machos se preparen para un cuidado paternal cooperativo de la cría.

Una de las claves más exitosas del desarrollo de las pistas olfativas es la creación del vínculo de reconocimiento materno-filial. Una madre reconocerá siempre a su hijo, en la mayoría de los casos en animales, gracias a su olor. Es lo que se conoce como vínculo o impronta maternal. Los humanos también poseemos este reconocimiento olfativo aunque debido a que somos el primate con el sentido olfativo menos desarrollado de nuestro orden, es normal que no tengamos tan adaptada y avanzada esa capacidad innata en muchas de las especies con las que compartimos rama filogenética. Sin embargo, nuestra capacidad olfativa durante el embarazo ha sido ampliamente estudiada. No es el caso de nuestros parientes más cercanos, el resto de primates.

Una madre reconocerá siempre a su hijo, en la mayoría de los casos en animales, gracias a su olor

Un reciente estudio tuvo en cuenta a uno de los primates con el sentido olfativo más desarrollado y adaptado de todo nuestro orden, el lémur de cola anillada (Lemur catta). Estos prosimios utilizan señales olfativas diariamente, por lo que era de esperar que los cambios hormonales durante la gestación y la comunicación odorífera fueran altamente relevantes. Además, los investigadores se preguntaron si el sexo del feto durante el embarazo tendría influencia sobre estos cambios hormonales y por lo tanto, si los conespecíficos podrían detectar el sexo del bebé antes de su nacimiento.

Imagen12Se utilizaron 12 lémures cautivos para determinar los cambios químicos en las secreciones genitales durante la preconcepción, y durante el embarazo, considerando también efectos como la edad, la temporada, el tamaño de la camada y el sexo fetal. Los científicos también analizaron los efectos de las condiciones reproductivas (preconcepción versus embarazada) y el sexo fetal (madre llevando tras el parto solo hijas, hembras, versus madre llevando al menos un hijo, macho) y midieron la riqueza química de las secreciones y las concentraciones endocrinas.

Los autores del estudio observaron que los perfiles odoríferos de las hembras cambiaban del embarazo respecto de la preconcepción. Además, este perfil también variaba dependiendo del sexo del feto. La riqueza química durante sólo el embarazo de al menos un macho dismunuyó enormemente comparado con las madres que tuvieron hijas.

Con estos resultados pudieron apoyar su hipótesis. En los lémures sí se encuentran rasgos odoríferos claramente distinguibles durante la gestación y además, en palabras de los autores, “sus descubrimientos podrían ayudar a dilucidar un mecanismo potencial de reparto de sexos diferenciado“. ¿Qué nos quiere decir esto? ¿Son capaces los lémures de saber el sexo del futuro bebé que viene? Podríamos pensar que bajo ciertas condiciones concretas, los animales incrementan su fitness, su adaptación, invirtiendo particularmente en un sexo. Esto permitiría responder a cambios ambientales o sociales cuando los costes de inversión son considerables. Una madre podría usar sus propias pistas olfativas como auto-referencia para informarse sobre el sexo de la cría y así influir en la futura inversión parental. Por otro lado, los conespecíficos serían capaces de usar estas señales olorosas para predecir los ratios sexuales inminentes en el grupo y así guiar sus propias estrategias de reparto de sexo.

De momento son hipótesis y predicciones, aunque lo que sí está claro es la relevancia del papel olfativo en multitud de especies, usado tanto en la vida cotidiana, como en aspectos tan fundamentales como la reproducción.

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