¿Por qué nos gusta tanto la palabra “monogamia”?


Por María Aranda, alumna Máster en Primatologia Universitat de Girona · Fundació Mona, promoción 2014-16

Eulemur rubriventer por Andrea Schieber CC

Eulemur rubriventer por Andrea Schieber CC

Hasta día de hoy se ha hablado siempre de monogamia para referirse tanto al sistema reproductivo de los primates como a la organización social de un grupo de ellos o a la relación que pueda haber entre dos individuos. La comunidad científica ha debatido este tema durante años por lo que la información que llegaba al público era muy confusa. Hace varios años se empezó a definir la monogamia en primates como algo social, es decir, un macho y una hembra que se reproducen de manera monógama durante varias temporadas. Pero no hay que confundir monogamia con fidelidad ni con romanticismo. Las parejas estables sexualmente hablando no tienen porqué ser fieles; infinidad de observaciones demuestran los innumerables escarceos de especies de primates que se consideraban monógamos. Ya en 2013, Lukas y Clutton-Brock descubrieron que sólo un 9% de las especies de mamíferos (de 2545 especies en total) eran monógamas. Además, esto es inusual en los primates, considerándose como monógamas solo a un 12% de las especies (excluyendo el 17% de los humanos).

Así pues, ¿por qué algunos machos optan por ser monógamos si su potencial para tener descendencia en una única temporada reproductiva es mucho mayor que el de las hembras, que tienen largos periodos de gestación?  Pese a esta aparente contradicción, hay machos que eligen tener una única compañera con la que aparearse y procrear. ¿Cuáles son, pues, las ventajas que ofrece la monogamia social?

En la última década, señalan los científicos, se han publicado muchos estudios comparativos y libros que ofrecían explicaciones alternativas para la evolución de la monogamia en mamíferos, pero ninguno de ellos ofrecía respuestas concluyentes. Sin embargo, la monogamia podría haber evolucionado en los primates debido a la amenaza del infanticidio por parte de otros machos. Mientras dura la gestación y la lactancia, las hembras no entran en celo y no son receptivas, lo que puede incentivar la matanza de las crías por un macho para que vuelva a reproducirse. Una vez que se estableció la monogamia, vivir en pareja habría facilitado también conservar a su compañera y el cuidado parental de la prole. Así pues, este cuidado compartido sería más una consecuencia de la monogamia que su causa.

Eulemur rubriventer por Leonora Enking CC

Eulemur rubriventer por Leonora Enking CC

En un reciente estudio, Tecot, Singletary y Eadie (2015) han incluido otras presiones selectivas junto con las ya mencionadas: conseguir un tamaño del grupo óptimo y defender los recursos. No obstante, estas presiones selectivas no servirían para explicar la monogamia, sino más bien lo que ellos llaman “pareja de convivencia” (organización social en la que dos adultos de sexo opuesto conviven dentro de un rango con sus hijos no reproductores) para ambas presiones y “pareja unida” (relación social a largo plazo, extendida más allá de una temporada de cría, entre dos individuos no emparentados del sexo opuesto. Puede ser medida por las tasas de interacción afiliativa, la proximidad y la reciprocidad entre dos individuos) sólo para la defensa de recursos. Para ello realizaron un estudio con lemúridos (Lemuridae), una especie de primates que tiene una gran variedad de maneras de unirse y de relacionarse. En concreto la especie Eulemur rubriventer. Con este estudio han querido confirmar la mayoría de las hipótesis que se venían dando en las últimas décadas. Estudios previos afirmaban que casi la mitad de los mamíferos monógamos no presentan dimorfismo sexual, es decir, el macho y la hembra apenas se diferencian en tamaño. Sin embargo, ese dimorfismo está presente en el 80% de las que no son monógamas. Esta especie de primates apoya este dato.

Por lo tanto, que una especie sea considerada monógama no solo va a depender de la manera de reproducirse, sino también de su organización social, de sus pautas de comportamiento, de cómo se relaciona con otros individuos, etc. Es por eso que el uso de términos claramente definidos es fundamental para investigar y comparar las diferencias y similitudes que podemos encontrar en las diferentes especies de primates. Y no debemos extrapolar estos estudios y términos a otras especies como somos nosotros los humanos: nuestra adaptación cultural impide hacer un serio paralelismo, los registros fósiles muestran un carácter grupal y muchas de las sociedades actuales permiten al hombre tener más de una mujer.

Artículo Original: Why “monogamy” isn’t good enough Stacey R. Tecot, Britt Singletary and Elizabeth Eadie. Article first published online: 10 APR 2015 DOI: 10.1002/ajp.22412. American Journal of Primatology

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