Conoce un centro de recuperación de primates: Chimfunshi Wildlife Orphanage and Trust

por Sara Ortín @kalaortin | Vocal de Conservación y Bienestar de la @APEspain

La historia de una granja de ganado convertida en uno de los santuarios más grandes del mundo con 120 chimpancés y casi 50 km2, en la provincia de Copperbelt, noreste de Zambia, de la mano de Sheila Siddle.

En 1970, Dave Siddle (1927-2007) —constructor y arquitecto— y Sheila Siddle (1931- ) —conductora de coches de carreras y contable en la industria minera— buscaban en Zambia un lugar en el que vivir con su familia, un lugar especial y diferente a los anteriores. Buscaban el sitio al que pensaban retirarse después de años de duro trabajo. A los dos años de residir en Zambia, visitaron un pequeño y antiguo campo de pesca cercano al Rio Kafue en el noreste del país con un terreno total de 55 acres (222.600 m2) en el que vivir con su familia. Un lugar diferente, de frondosos bosques, grandes expansiones de hierba y vistas espectaculares. ¡Era el lugar que siempre habían soñado!

«Preguntamos cuál era el nombre de esta zona y nos respondieron: Chimfunshi. Chimfunshi significa: lugar del agua en Bemba, la lengua local. ¡No pudimos pensar en un nombre mejor!» dijo Sheila.

Foto de CWOT ©

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En 1974, el gobierno de Zambia les ofreció una granja y 10 acres (40.468 m2) de terreno adyacente a Chimfunshi con la intención de incrementar la actividad ganadera de la región. Así fue como se lanzaron a una nueva y ambiciosa aventura, la de ser propietarios de una granja de ganado con más de 1.000 animales. Después de una época de exitosos frutos como ganaderos, se acercó una fecha que jamás olvidarían: el 18 de Octubre de 1983. Esa mañana, Pierre Fabel, yerno y game ranger, apareció con un bebé chimpancé en los brazos. El bebé había sido confiscado a unos cazadores que intentaban introducirlo en el país por Zaire para venderlo como mascota.

«No recuerdo si estaba trabajando en nuestro jardín o dando de comer a los gansos. Ni sé qué hora era. Todo lo que recuerdo es que tenía a un chimpancé moribundo en mis brazos y que ese día cambió mi vida para siempre. Era un bebé chimpancé, pero nada parecido a los chimpancés que yo había visto antes. Recuerdo los dientes rotos, el labio inferior caído varios centímetros, las heridas infectadas y las moscas a su alrededor. Estaba totalmente deshidratado y sufría una terrible diarrea. Era obvio que se estaba muriendo».

Le limpiaron las heridas, y cuando aceptó leche de biberón fue mucho más fácil darle la medicación.

«Creo que nunca dejamos de pensar: – Bueno, ¿y ahora qué? Éramos ganaderos, no sabíamos nada de chimpancés. Buscábamos artículos científicos, libros, todo lo posible sobre chimpancés. Pero todo lo que encontrábamos era sobre su comportamiento y nada sobre cómo criar a un chimpancé en casa. ¡Así que improvisamos! Como los bebés humanos, el bebé chimpancé respondía a cualquiera que le ofreciera cariño y amor y eso es lo que hicimos».

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Foto de CWOT ©

Con la llegada de Pal (nombre que le pusieron al bebé) dejó de existir su día a día, de repente todo se dedicó a mantener con vida al pequeño chimpancé. Su recuperación física fue asombrosamente rápida, pero no su estado emocional.

«Sus sueños eran traumáticos y sus pesadillas eran lo peor. Algunas noches se despertaba en tal estado, gritando tan fuerte, que temblaba incontroladamente. No sabíamos qué era lo que pasaba por su mente, claro está, así que lo único que pudimos hacer fue abrazarlo hasta que se calmaba y se quedaba dormido en nuestros brazos. Con el tiempo y esfuerzo la recuperación fue asombrosa. Jugaba con juguetes, trepaba por los pequeños árboles y pasaba la mayor parte del tiempo buscando sus frutos favoritos, cerezas, también higos. Aunque en aquel entonces los chimpancés estaban protegidos como especie en peligro de extinción, la circulación de chimpancés ilegales en Zambia era muy que frecuente. Las autoridades no solían confiscar los animales dado que no había ningún lugar en Zambia que pudiera hacerse cargo de ellos».

«No era extraño encontrarte un chimpancé encadenado a un árbol en la parte de atrás de alguna casa».

Afortunadamente en 1984, después de años mirando hacia otro lado, el Gobierno de Zambia anunció que cualquier persona que tuviera un animal ilegal en cautividad disponía del plazo de un año para conseguir una licencia de cautividad, incluso si había tenido los animales durante tiempo. Así, de manera inesperada, Chimfunshi se convirtió en el lugar de destino para los pequeños confiscados.

Foto de CWOT ©

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«Un chimpancé en casa era manejable, incluso dos, pero cuando la gente supo que nuestro bebé había sobrevivido y que se encontraba en excelentes condiciones, empezaron a llegar huérfanos de manera alarmante. Para agosto del año 1984 teníamos 6 chimpancés a los que cuidar y mi marido Dave y yo no teníamos recursos. Además, empezamos a cuidar a otros animales huérfanos como tortugas, monos, loros, antílopes,… incluso perros. ¡Qué rápido cambió todo! En un poco tiempo allí estábamos, construyendo jaulas y cuidando animales moribundos casi las 24 horas del día. Muy duro, ¡pero asombroso!».

Seis meses después de la llegada de Pal llegaba la chimpancé Liza, confiscada a unos cazadores. Meses más tarde llegaban Girly y Junior, confiscados en Zaire. Girly aunque sufría una severa deshidratación, estaba en asombrosas condiciones físicas teniendo en cuenta su pasado. Junior, sin embargo, tenía fiebre, diarrea, deshidratación y su pulso era muy débil además le habían disparado en su brazo derecho. En junio de ese mismo año llegó Charley, un macho de 6 años, pero esta vez era una situación diferente, lo traían sus dueños que lo había tenido como mascota durante 2 años. El último de los 6 chimpancés era Bella. Llegaba en agosto con 2 años de edad, confiscada en Zambia y con asombrosa salud, esto les hizo pensar que también la habían tenido unos particulares como mascota.

Con 6 chimpancés, dormir todos juntos o comer en la mesa parecía imposible. Dave Siddle se vio obligado a construir una instalación en el exterior de la casa, además de contratar a jóvenes locales de comunidades adyacentes para los paseos diarios por el bosque con los pequeños chimpancés.

«Contratar más gente que nos ayudara no daba respuesta a la pregunta que mi marido y yo nos formulábamos: – ¿Seguimos con la idea de cuidar a estos chimpancés o les buscamos un hogar permanente? Ambos sabíamos que tratar a los chimpancés como verdaderos chimpancés era lo mejor».

Foto de Sara Ortín ©

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Sheila envió una carta a la National Geographic Society de los Estados Unidos de América con el propósito que los pusieran en contacto con alguna persona que les pudiera asesorar. La Dra. McGreal, presidenta de la International Primate Proteccion League (IPPL), y otros profesionales empezaron a enviar cartas relacionadas con cómo alimentar a los chimpancés y tratar sus enfermedades que les resultaron de gran ayuda. No mucho más tarde recibieron noticias de Eddie Brewer, propietario de un santuario de chimpancés en Gambia desde 1960. En ese santuario pasado un tiempo reintroducían a los animales con éxito en el Niokolo Koba National Park en Senegal. Dave y Sheila decidieron que esa era la mejor opción para sus chimpancés, ¡darles la oportunidad de volver a ser libres! En 1985 fueron a conocer el santuario, una preciosa isla en medio del rio Gambia donde los chimpancés podían vivir en un entorno ideal, trepar y jugar en el bosque y no había opción de escapes. Tristemente, el santuario no podía aceptar 6 nuevos chimpancés porque ya tenían demasiados.

«Fue en el avión volviendo del santuario de Gambia cuando mi marido empezó a dibujar esbozos de lo que sería la instalación definitiva: The great wall. Gambia sería la destinación ideal para nuestros chimpancés, pero no los podían aceptar y el sentimiento de pena y decepción fue inmenso. Además estábamos aterrados porque nunca habíamos imaginado mantener a esos chimpancés para siempre y ahora esa era la realidad».

El pasado de Dave como arquitecto fue, claro está, de gran ayuda. La idea de una isla donde pudieran vivir los chimpancés les había fascinado, pero no había islas en el rio Kafue, y además no era lo suficientemente profundo como para evitar escapes.

«Recuerdo cuando Dave me dijo: -¿Por qué no construimos una isla pero en tierra firme? Todo el mundo creía que estábamos locos al construir una instalación cuyo perímetro sería pared de ladrillos, ¡sobre todo la comunidad científica! Además nadie hasta entonces había construido nada tan grande, 7 acres (30.000 m2). Muchas personas vinieron a ver si era cierto lo que habían oído y sé que la mayoría se fueron creyendo que era imposible. Quizás estábamos locos, pero realmente no podíamos imaginar nada mejor para nuestros chimpancés».

Finalmente tuvieron suerte y encontraron personas que creyeron y apoyaron su proyecto. Margaret Cook, que había trabajado en el Kansas City Zoo y su marido, doctor retirado, volaron inmediatamente a Chimfunshi cuando oyeron la noticia. Carole Noon, una joven primatóloga, tampoco dudó en mostrar su apoyo al matrimonio; más tarde ella fundó en Florida un santuario para chimpancés retirados de la NASA. Stephan Louis, que se convertiría en el mayor patrocinador del centro en el futuro, también les ayudó, entre muchas otras personas. Después de años de trabajo, de pensar que era imposible, el 19 de junio de 1989, The great wall estaba acabada.

Foto de Sara Ortín ©

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«Al finalizar la fiesta de inauguración, mi marido y yo fuimos a la plataforma desde donde se podía ver toda la instalación. Nuestros chimpancés comportándose como chimpancés… No era libertad, lo sabíamos, pero era un paso en la dirección correcta. Fueron 6 años de duro trabajo para construir esa instalación… ¡Pero lo habíamos conseguido!».

Los chimpancés seguían llegando al santuario, en 1989 fueron alrededor de 25. Milla, la chimpancé más mayor del santuario, llegó ese mismo año, pero no confiscada por las autoridades ni traída por sus dueños. ¡Venía de la mano de Jane Goodall! Milla fue encontrada al lado del cuerpo sin vida de su madre en un mercado local en Camerún por una pareja británica que decidió comprarla. La cuidaron como si fuera su propia hija hasta sus 5 años, cuando desafortunadamente tuvieron que irse del país y la dejaron con una familia en Arusha, Tanzania, donde acabó siendo la atracción del bar de un hotel. Durante años vivió en el bar fumando y bebiendo alcohol entreteniendo a los turistas. Jane Goodall conoció la situación deplorable en la que se encontraba y se puso en contacto con Dave y Sheila con la intención de sacar a Milla de Tanzania y llevarla a Chimfunshi.

«Milla podría ser una figura a seguir para nuestros chimpancés. Jane Goodall dijo que tendría unos 17 años, ¡mucho mayor que los nuestros! Jane estaba realmente preocupada por su estado, así que nuestra respuesta fue… – ¡Sí!».

Foto de Sara Ortín ©

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Milla llegó desde Arusha, Tanzania, a Chingola, Zambia, en un avión de un solo motor con Jane Goodall y el veterinario británico Dr. Pack.

«Quisimos que la introducción de Milla con el resto de los chimpancés fuera a poco a poco. Teníamos miedo de su comportamiento porque había tantos años sin contacto con otros animales de su especie… pero solo parecía añorada y deprimida. Jane se pasó todo el segundo día haciéndole grooming y ofreciéndole Coca Cola, que sabíamos que le encantaba, pero entonces no le interesó. El tercer día parecía realmente enfadada, estirando y rompiendo los cables de la caja, haciendo saltar con los dedos el cemento,… ¡Quería salir de allí! Todos fuimos a coger materiales con los que reforzar el lugar en el que se encontraba, pero cuando empezó a empujar la puerta con ambos pies supimos que no teníamos nada que hacer. ¡Porque segundos más tarde estaba fuera! Todos estábamos preparados, hasta los veterinarios tenían los dardos anestésicos para disparar en caso de ser necesario. Al poco tiempo nos dimos cuenta que no teníamos nada que temer. Milla investigó cada rincón, encontró dos huevos donde teníamos las gallinas, se los comió lentamente, entró en casa, abrió la nevera y cogió tres refrescos. Los puso sobre la mesa, se sentó en una silla y utilizó los dientes para abrir la primera bebida. Luego se encaminó hacia el bosque, la seguimos hasta llegar a The great wall donde se encontraban nuestros chimpancés. ¡Nunca olvidaré ese momento! Ella nunca había estado con otro chimpancé, pero cuando los vio no dejó de vocalizar ni un segundo y nos fue imposible alejarla».

Foto de Sara Ortín ©

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Meses más tarde, Milla se introducía en el grupo social de chimpancés.

«Es la chimpancé más inteligente y fuerte que he conocido nunca. Llegó cansada, vieja y desconfiada siendo aún muy joven y se ha convertido en una hermosa chimpancé, segura y divertida. No vive en la selva de Camerún con su familia, pero puedo decir que vive a salvo y feliz con una familia de chimpancés que necesita».

Estas son tan solo algunas de las historias que más marcaron a Dave y a Sheila, ¡pero hay centenares de historias más!

«Con The great wall nos habíamos quitado un peso de encima. Pero nos dimos cuenta que no era suficiente. ¡Debíamos pensar en algo grande! En 1995 la granja vecina se puso en venta y supimos que esa era la solución. Dispondríamos de 13.000 acres de terreno».

En abril del año 2000 se completaban las dos primeras instalaciones, de 500 acres (2,5 km2) cada una, en lo que se denominaría el Project Area, a unos 5 km de la casa de los Siddle, el Orphanage.

«Esas instalaciones representaban nuestro sueño hecho realidad. Densos bosques, frutos creciendo por doquier, extensiones inimaginables de hierba,… No era libertad, pero en un mundo donde los chimpancés son cazados para comer y sus hábitats son destruidos cada día, era probablemente lo más cercano a la libertad de lo que podrían estar nuestros chimpancés».

En ese año Chimfunshi ya contaba con más de 80 chimpancés. En 2006 se acabaron de construir dos instalaciones más en la misma zona que las anteriores.

Este ha sido el asombroso e inesperado recorrido de una granja de ganado a uno de los santuarios más grandes del mundo. Actualmente Chimfunshi Wildlife Orphanage and Trust cuenta con 120 chimpancés, 60 trabajadores, 300 personas viviendo dentro de la propiedad y 150 niños. Cuidan de los chimpancés y de la comunidad local, con una escuela dentro de la propiedad y una clínica para todos las personas que viven tanto dentro del territorio privado como en los alrededores. Además trabajan en la educación hacia la conservación ofreciendo visitas a grupos escolares y zonas de acampada y pequeños cottages para todos aquellos que quieran conocer más de cerca los chimpancés y el centro.

Foto de Sara Ortín ©

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Dave y Sheila han alcanzado algo que nunca imaginaron. Durante más de 30 años han luchado de manera incansable por dar un lugar seguro a todos aquellos animales, no solo chimpancés, que lo han necesitado. Aquellos que han sido víctimas directas o indirectas del bushmeat, como el chimpancé Booboo, encontrado en un mercado local en una bolsa junto su madre descuartizada; del tráfico de mascotas, como los chimpancés Val y Kathy encontrados en una caja en el aeropuerto de Qatar camino a sus futuras familias humanas; de la caza ilegal, como Billy el hipopótamo encontrado en el rio junto al cuerpo sin vida de su madre; de circos, como el chimpancé Toby con 6 años de edad y la mayoría de sus años vividos en una caja de un circo de Papúa Nueva Guinea …

«Nuestra filosofía siempre ha sido que si te llega un animal que te necesita, tienes que intentar ayudarle. No puedes mostrarte indiferente, siempre tienes que seguir adelante, independientemente de cuál sea tu situación. Hemos cometido errores y hay ciertas cosas que si pudiera ir atrás en el tiempo haría de otra manera, pero sé que los chimpancés me han dado muchísimo, mucho más de lo que yo les he podido ayudar a ellos…».

«Recuerdo cuando tuvimos que mover los chimpancés a las grandes y nuevas instalaciones, estábamos todos exhaustos. Al finalizar el día, el veterinario Peter Buss —uno de nuestros mayores apoyos en el futuro— se acercó y me dijo: – Sheila, cuando llegué aquí pensaba que íbamos a mover chimpancés, ¡nunca me habría imaginado que en realidad eran parte de tu familia!».

«Tengo 85 años, Chimfunshi 32, y ambos seguiremos juntos hasta que no haya más animales que nos necesiten»

Referencias de interés:

Página web: http://www.chimfunshi.de/en/

Facebook: Chimfunshi Wildlife Orphanage and Trust

Un comentario en “Conoce un centro de recuperación de primates: Chimfunshi Wildlife Orphanage and Trust

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