Coprofagia: ¿Una tradición chimpancé?

Publicado originalmente en Wildfare

Por: Pablo Rodríguez-Ayuso @pablomonkeyman

Los animales salvajes en cautividad desarrollan comportamientos que no se suelen ver en  libertad. En ocasiones aparecen debido a condiciones que no son óptimas para el desarrollo normal de los animales, como instalaciones pequeñas y simples o grupos sociales distintos a los normales para la especie. Estas condiciones comprometen el bienestar de los animales y hacen que no puedan adaptarse adecuadamente al ambiente. A estos comportamientos comúnmente se les han llamado “conductas anormales”: comportamientos ausentes o raros en el repertorio natural de la especie y que se desarrollan en ambientes empobrecidos o inadecuados. Pero hay comportamientos anormales que podemos observar en cautividad que no están relacionados con un bienestar pobre, por ejemplo pintar o manipular pantallas táctiles de algún enriquecimiento cognitivo. Por ello es importante saber la etiología de estas conductas, es decir, el motivo y el modo en el que estas conductas aparecen, si están relacionados con ambientes inadecuados o si surgen por otros motivos inocuos para el bienestar de los animales.

La coprofagia, la ingesta deliberada de heces, es un comportamiento bastante extendido en los chimpancés cautivos, tradicionalmente se ha tratado como una conducta anormal y como un indicador de un bienestar empobrecido relacionado con el aburrimiento y con pocas oportunidades para desarrollar conductas naturales relacionadas con la alimentación.

Pero, ¿está claro que la coprofagia es un indicador de bienestar fiable? Lo cierto es que no.

En primer lugar, este comportamiento se ha observado en chimpancés en libertad y en semilibertad que viven en grupos naturales. Algunos autores piensan que puede estar relacionado con la dificultad de digestión de algunas semillas duras, volviéndolas a ingerir para una mejor absorción de los nutrientes. Aunque es cierto que en cautiverio los individuos lo realizan con mayor frecuencia.

En segundo lugar, muchas conductas anormales como el rocking, están relacionadas con el aislamiento social y la separación temprana de la madre. Por el contrario se ha observado que los chimpancés criados por sus madres y/o en un grupo de chimpancés, realizan más coprofagia que los que, por diversos motivos, sufrieron una separación temprana de la madre y no convivieron con chimpancés durante su desarrollo.

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FOTOGRAFÍA PROPIEDAD DE UCUMARI PHOTOGRAPHY VIA FOTER.COM / CC BY-NC-ND

Todo esto nos hace dudar si realmente es un indicador fiable para detectar problemas conductuales en los chimpancés, ya que nos podría distorsionar nuestra percepción sobre su bienestar. Por ello, el equipo de estudio y conservación de grandes simios del Zoológico de Lincoln llevó a cabo una investigación para intentar arrojar luz sobre este tema. Observaron a 60 chimpancés en 6 zoológicos y 3 santuarios de los Estados Unidos a lo largo de un año. El objetivo del trabajo era comprobar estadísticamente si catalogar coprofagia dentro de la categoría de conductas anormales tiene sentido en relación al resto de comportamientos observados en los chimpancés. Para ello utilizaron un análisis estadístico llamado análisis de componentes principales (PCA) que estudia las relaciones entre distintos ítems, en este caso entre distintos comportamientos. El PCA permite agrupar los comportamientos que han sido observados en los chimpancés en distintos grupos donde se encuentran las conductas más relacionadas entre sí. Este tipo de análisis ha sido ampliamente usado para el estudio de la personalidad humana y no humana. La duda de los investigadores era, ¿el programa estadístico agrupará coprofagia con el resto de conductas anormales?

Como ya intuían, la coprofagia no se agrupó dentro de la categoría “anormal”, sino dentro de la categoría “social”. Y aunque a priori nos choque, tiene sentido si recordamos lo que hemos visto anteriormente: los chimpancés criados por sus madres y/o con un grupo normal realizan más coprofagia. Los autores también vieron que los individuos que menos contacto con humanos habían tenido también eran los que realizaban más este comportamiento. Con estos resultados, junto a lo que ya se conocían previamente, los autores proponen que la coprofagia pueda ser un comportamiento transmitido socialmente, alejándose de la teoría clásica donde entendemos la coprofagia como una conducta anormal común en chimpancés.

Esta hipótesis podría explicar que la coprofagia no esté presente en todos los grupos de chimpancés cautivos.  En un estudio en chimpancés de laboratorio se observó que únicamente 1 de los 7 grupos estudiados presentaban esta conducta. Además, en otro estudio se observó que en chimpancés alojados en instalaciones y grupos sociales similares, en algunos grupos había un 81-100% de individuos que realizaban coprofagia mientras que en otros grupos no aparecía esta conducta.

Normalmente los estudios sobre la transmisión cultural en especies no humanas se han centrado en conductas que podemos considerar positivas, como la realización de puzles o una determinada técnica en el uso de herramientas. Aun así, este tipo de conductas que podemos denominar “indeseables” también pueden tener importancia en el estudio de la cultura no humana y de las tradiciones espontáneas en cautividad. Este es el caso de un santuario donde se observó que poco después de que una de las hembras comenzara a colocarse hierba en las orejas, una conducta catalogada tradicionalmente como anormal, esta conducta se puso de moda en el grupo y al final todos los individuos acabaron paseándose con hierbas en las orejas. Del mismo modo, la coprofagia podría suponer una tradición extendida en los chimpancés cautivos. Para acabar de comprobar esta hipótesis, sería interesante realizar algún trabajo donde se observe directamente la propagación de esta conducta en un grupo en el que previamente no se realice.

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FOTOGRAFÍA PROPIEDAD DE BRJ INC. VIA FOTER.COM / CC BY-NC-ND

Todavía no queda del todo claro cuál es el origen de la coprofagia en cautividad, aunque lo que se empieza a evidenciar es que su uso como indicador de un bienestar empobrecido es, cuanto menos, dudoso. Pero no hay que alarmarse, existen muchos otros indicadores comportamentales que podemos utilizar para medir el bienestar sin que otros factores, como el aprendizaje social, nos interfieran en los resultados.

Como  podemos ver no todo es lo que parece, por lo que debemos seguir investigando y creciendo en la ciencia del bienestar animal.

Pablo Rodríguez Ayuso

Artículo original:

Hopper, L. M., Freeman, H. D., & Ross, S. R. (2016). Reconsidering coprophagy as an indicator of negative welfare for captive chimpanzees. Applied Animal Behaviour Science.

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