Otra mirada primatológica: la relación cuidador-animal

Por Víctor Beltrán, alumno del Máster de Primatología UdG-Fundación Mona, convocatoria 2017-2019

Chimpancé en Centro de Rescate Fundació MONA. Crédito: Víctor Beltrán

Si miramos a nuestro alrededor evolutivo, los seres humanos nos encontramos rodeados de más de 500 especies hermanas: el orden de los primates. Nuestro origen común se data en torno a unos 60 m. a., pero es desde la aparición del Homo sapiens que se crea una relación especial en el interior del grupo. ¿Qué tipo de relación específica se establece entre primates humanos y no humanos?

 

Esta pregunta trata de responderla la etnoprimatología, definida por el reconocido investigador de la Universidad de Notre Dame (Indiana) Agustín Fuentes como “la combinación de las prácticas primatológica y antropológica y la visión de humanos y el resto de primates viviendo en un espacio ecológico y social compartido”. Tradicionalmente esta ciencia se ha basado en el estudio de la relación entre humanos y aloprimates en un ambiente natural, por ejemplo, la relación depredador-presa (caza de primates por comunidades indígenas) o la coexistencia en el mismo nicho ecológico (asentamientos humanos en zonas con presencia de aloprimates). Sin embargo, el 21 de Diciembre de 2017, un equipo mixto de antropólogos de Inglaterra y Nueva Zelanda, propuso un nuevo campo de estudio: la relación humano-primates no humanos en cautividad.

Teniendo en consideración el ámbito de la cautividad, los autores catalogan tres centros dónde se desarrolla esta relación: laboratorios, zoológicos y centro de rescate-santuarios, y aseguran que el gran peso de este vínculo se desarrolla entre cuidadores y animales. Sabiendo las diferencias que aparecen entre los tres tipos de centros enumerados anteriormente, nos podemos preguntar, ¿se establece el mismo tipo de relación en cada centro? ¿Están el manejo por parte de los cuidadores y el comportamiento de los primates relacionados? ¿Cómo influye al bienestar de los animales este vínculo?

Alexandra Palmer, una de las autoras del artículo, viene desarrollando durante varios años una línea de investigación en la que involucra al cuidador y el rol que este ejerce en la rehabilitación de orangutanes. Uno de los principales objetivos, defiende Palmer, es demostrar que la cultura del centro afecta a la respuesta de los primates hacia los cuidadores. Como demuestran estudios anteriores, reforzados con las pruebas realizadas por A. Palmer en el Auckland Zoo, los cuidadores que practican interacciones de tipo positivo con los primates, suelen crear vínculos beneficiosos para ambos extremos de la conexión, reduciendo el estrés y los comportamientos anormales en los animales y favoreciendo el manejo en el trabajo del cuidador. Estos beneficios se resumen en una sentencia: vínculos positivos entre cuidador-animal conllevan un aumento del bienestar animal.

Es en este punto donde Malone y Palmer arrojan luz a otro debate candente, ¿cómo se defiende el rol de un cuidador? Esta tarea no supone ningún problema a las personas encargadas del manejo de centros de recuperación o santuarios, sin embargo, en personal de zoo y laboratorio la pregunta se vuelve más complicada. La investigación, publicada en la prestigiosa International Journal of Primatology, halló que los trabajadores en cuidados de primates en zoos, definidos por ellos mismos como “amantes de los animales”, se encontraban ante un debate moral a la hora de defender su papel en la conservación de los primates. “La función de los zoos, cuestionada por la sociedad actual su capacidad educativa  y conservadora, enfrenta al cuidador a una problemática al defender de forma ética su trabajo” afirman los autores.

Si los zoos, vistos en muchas ocasiones como meros “museos vivientes”, añaden los investigadores, generan una pugna interior en los cuidadores, los laboratorios se vuelven una causa perdida para los defensores de los derechos de los animales. Los cuidadores que trabajan con animales en laboratorios, observaron los autores, justifican su rol asegurando que “los primates destinados a la ciencia son un sacrificio necesario”, suponiendo una carga emocional extra el hecho de esta afirmación enfrentada a una forma de trabajo cercana y positiva hacia los animales para disminuir conductas anómalas y altos índices de estrés.

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Macaco cangrejero en Centro de Rescate Stichting AAP. Crédito: Marianne Versloot

Sin embargo, enfatizan los firmantes del estudio, la experimentación en primates está cesando en los últimos años y esto activa el proyecto de los centros de rescate y santuarios. En estos centros, donde se proponen proveer bienestar hasta su fallecimiento a animales procedentes de ambientes nocivos (cine-tv, circo, mascotismo, experimentación) los cuidadores defienden sin problemas su rol, encontrando, en comparación con los anteriores escenarios, una justificación en su trabajo para defender su concepción ética y moral de la conservación primatológica.

Por último, los autores, que realizaron sendas investigaciones sobre reintroducción de orangutanes (Palmer) y gibones (Malone), transmiten que las estrategias de los centros que llevan a cabo la reintroducción en libertad, están fuertemente influenciadas por la cultura y conocimiento de cada centro en concreto. Esto lleva a que mientras unos defiendan la creación de vínculos fuertes por parte de los cuidadores y los primates no humanos para satisfacer las necesidades afectivas de los animales rescatados (sobre todo crías), otros actúan reduciendo al mínimo el vínculo para hacer más fácil el posterior proceso de liberación y reintroducción a la selva sin depender del ser humano.

En los tiempos de cambio que vive la historia de la humanidad, donde toda concepción pasada se evalúa y evoluciona hacia nuevos sentidos, toma un valor especial la relación de humanos y sus hermanos primates. Relación, concluyen los autores, que no se puede concebir plenamente sin tener en cuenta las poblaciones de primates sostenidas en cautividad por los seres humanos, y en las que el rol de cuidador carga el peso, moral y afectivo, de la relación. Seguro que todos ellos miran el horizonte, buscando el momento en el que ninguna especie necesite de su labor para sobrevivir, y piensan: ¿estamos a tiempo?

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