Dime qué comes y te diré cómo estás

Por Sara Soloaga, alumna del Máster de Primatología UdG-Fundación Mona, convocatoria 2017-2019
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Chimpanzé comiendo heces. Crédito: Wikipedia Creative Commons.

Se entiende por comportamiento anormal toda conducta que se da exclusivamente en cautividad o conductas que se dan con mayor frecuencia en cautividad que en libertad.

Se entiende por coprofagia el acto de comer heces deliberadamente.

 

Si relacionamos intuitivamente ambas ideas, podríamos llegar a decir que la coprofagia es un comportamiento anormal, ¿verdad? Así es como ha sido clasificada esta conducta históricamente y si nos ceñimos a la definición cumple con la norma: hay mayores índices de coprofagia en chimpancés cautivos que en libres.

Sin embargo, han sido los investigadores del equipo de Stephen R. Ross, liderados por Lydia M. Hopper, los que se han dado cuenta de que esto podría no ser así. Analizando esta conducta ―considerada como indicador de bienestar negativo― en 60  chimpancés en cautividad, han observado que los chimpancés criados con su madre son los que mayores tasas de coprofagia tienen, en comparación con los criados por humanos. Este hallazgo les ha llevado  a plantearse si esta clasificación como conducta anormal negativa podría ser errónea y, por tanto, utilizada equívocamente en el manejo de estos primates en pro de su bienestar. Para intentar encontrar una respuesta describieron las principales conductas de los mismos y una vez obtenidas, mediante el análisis de componentes principales (PCA) se ordenaron las conductas relacionadas en siete factores distintos. Y es aquí dónde la hipótesis se cumplió: la coprofagia apareció dentro del factor denominado como social y no en el anormal, donde se encuentran comportamientos relacionados con el bienestar negativo del animal.

Mediante este estudio se ha podido evidenciar que la coprofagia podría tener un componente de aprendizaje social, ya que son los criados con su madre  y los criados en contacto con otros conespecíficos los que presentan mayores tasas de este comportamiento. Por tanto, podríamos estar hablando de una conducta que, a pesar de no ser innata, vendría dada a los infantes por el aprendizaje social y acabaría reflejada en la edad adulta, pero no por presiones ambientales. Esta conducta diferiría etiológicamente de otras conductas anormales consideradas negativas.

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La proximidad social fomenta el aprendizaje y la transmisión de conductas entre individuos. Fuente: https://www.asp.org/welfare/abnormalbehaviors.cfm

 

Cabe la posibilidad de que comer heces represente una tradición. Tradiciones que refuerzan los lazos sociales. Tradiciones que se dan en algunos grupos, pero en otros no. Grupos bajo una misma condición ambiental. Cultura.

A pesar de ser un hallazgo novedoso, todavía queda mucho que investigar en esta línea, así como en la posible relación entre la dieta y esta conducta.  Lo que si está claro es que las aproximaciones Top-Down, como en el caso de la coprofagia, podrían no ser válidas y llevar a falsas interpretaciones. Y por tanto, revertir en un ineficiente manejo de los animales en cautividad.

Por ahora, deja de mirarme preocupado si como heces. Mírame más profundamente y dime cómo estoy.

Hopper, L.M., Freeman, H.D & Ross, S.R. 2016. Reconsidering coprophagy as an indicator of negative welfare for captive chimpanzees. Appl. Anim. Behav. Sci., http://dx.doi.org/10.1016/j.applanim.2016.01.002

 

 

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