Todo es cuestión de perspectiva

Por Lorena Fernández, alumna del Máster en Primatología, Fundació Universitat de Girona: Innovació i Formació y Fundació Mona. Curso académico 2017-19

El seguimiento de la mirada, es decir, mirar hacia donde otro individuo está mirando, es una habilidad que permite a algunos animales detectar comida mientras forrajean, así como la presencia de depredadores o información social intra e interespecífica. Esta capacidad es un pre-requisito para alcanzar niveles más complejos de cognición social como la Teoría de la Mente.

(Creative Commons License)

¿Pero qué es esto de la Teoría de la Mente? El término, surgido  de la psicología humana, se refiere a la habilidad de atribuir pensamientos a uno mismo y a los demás con el fin de explicar y predecir el comportamiento de los que nos rodean. Fue propuesta por Premack y Woodruff en 1978 y concluían en que una persona que ha desarrollado Teoría de la Mente puede atribuir ideas, deseos y creencias al resto de agentes con los que interactúa. Al inicio, se pensó que era una característica exclusiva del ser humano, pero poco a poco se han ido evidenciando ciertos grados de conciencia en animales no-humanos, sobre todo en grandes simios, aunque nunca alcanzando el nivel de desarrollo observado en los humanos.

Estudiar la presencia o ausencia de Teoría de la Mente en animales no humanos no es una tarea fácil. Son seres no verbales, lo que dificulta enormemente el diseño de los procedimientos experimentales. En ocasiones supuestas habilidades relacionadas con esta capacidad pueden ser explicadas a partir de mecanismos cognitivos más simples como el aprendizaje asociativo. Por ejemplo, muchos animales realizan la conducta de seguimiento de la mirada, pero esto no significa que todas estas especies sean capaces de tomar la perspectiva visual del otro. Es decir, que tengan la capacidad de entender que otro individuo está percibiendo información del medio diferente a la suya, comprendiendo aquello que ve y aquello que no. El mecanismo más simple que explicaría esta conducta sería el aprendizaje asociativo por el cual un cambio en la posición de la orientación de la cabeza de otro sujeto suele estar seguido de una novedad en el medio (comida, amenaza, reclamo…).

Una reciente investigación del equipo de Laboratorio de Neurociencias Cognitivas y Adaptativas de Estrasburgo, Francia, con macacos de Togian (Macaca tonkeana), ha intentado abordar esta problemática en esta especie de primate.

Macaca tonkeana (Crédito: dwi rahmaputra | Creative Commons License)

Los investigadores pretendían conocer si esta especie era capaz de saber lo que su conespecífico veía y no veía en un contexto de competición alimenticia, es decir, si presentan toma de perspectiva visual y, en consecuencia, cierto grado de Teoría de la Mente. El experimento se basaba en colocar a una pareja de individuos, con un rango de jerarquía conocido, en unas instalaciones de manera que el individuo subordinado podía escoger si tomaba un trozo de comida solo visible por él, pero no por el dominante; o si por el contrario tomaba el trozo visible para ambos. Las diferentes condiciones del experimento se daban dependiendo de si el individuo dominante tenía acceso a la comida al mismo tiempo o un minuto más tarde que el subordinado. Al tratarse de una especie jerárquica, los científicos esperaban que, si estos animales eran capaces de tomar la perspectiva visual del otro, el subordinado entendiera que el dominante no era capaz de ver el alimento oculto, pero sí el visible; por tanto, escogería el oculto, evitando así un conflicto social.

Los resultados fueron los esperados ya que los subordinados preferentemente se dirigían hacia la comida oculta en ambas condiciones. Según los autores del estudio, los resultados del experimento sugieren que los macacos de Togian son capaces de entender lo que su conespecífico ve y no ve y, por consiguiente, serían capaces de comprender la perspectiva visual de sus compañeros.

¿Sin embargo, podrían estos resultados explicarse a partir de un mecanismo más simple? Los investigadores descartaron esta hipótesis realizando muchas repeticiones del experimento en ambas condiciones. Con esto, pretendían ver si los animales variaban su patrón de conducta a partir de un aprendizaje. Lo que observaron fue que los individuos subordinados se comportaban igual tanto las primeras veces que se sometían al experimento como las últimas; es decir, que no se daba un aprendizaje a base de ensayo y error para encontrar la mejor manera de obtener comida en condiciones de competencia.

Lo más interesante que se destaca en este trabajo es la importancia de hacer pruebas cognitivas en contextos significativos para la especie. Esto quiere decir que, para entender las capacidades de una especie, se deben dar situaciones a las que los individuos se enfrentarían en estado silvestre. Situaciones de competencia intraindividual en animales altamente sociales como los macacos, son muy frecuentes en su medio natural. Debemos recordar que gran parte de la investigación sobre la cognición se da en laboratorios y no en vida silvestre. Por tanto, conservar una adecuada validez ecológica en los experimentos cognitivos nos proporciona información más fidedigna sobre sus capacidades y nos ayuda a comprender de qué manera el ambiente ecológico y social ha moldeado las capacidades cognitivas en los primates.

Artículo original: Canteloup, C., Piraux, E., Poulin, N., & Meunier, H. (2016). Do Tonkean macaques (Macaca tonkeana) perceive what conspecifics do and do not see?. PeerJ4, e1693.

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